Elin Plantin, 65 años "Desde el terremoto, tomo poco más que una taza de café al día"
Elin Plantin está sentado en una piedra frente a los cuatro palos y varias telas que son hoy su casa. Es mayor, aunque parece un anciano. Flaco, piel curtida y barba blanca. Se resbala al incorporarse, pero se aferra a su bastón hecho con una rama y lo clava al suelo para no caerse. Se lo adivina débil. “Desde el terremoto, tomo poco más que una taza de café al día. No hay dinero y tampoco un lugar donde poder hacerse con algo de comida y agua”, dice a duras penas mientras se frota los párpados con la mano izquierda.
Elin estaba en su casa junto a su esposa Cilie, Cilie Tismé, y sus cinco hijos cuando la tierra empezó a temblar. Todos están bien; aunque uno de ellos resultó herido en el seísmo. “La casa se vino abajo y no pudimos rescatar nada”, lamenta.
Elin y Cilie están solos en este campo. “Mis hijos están en otro asentamiento tras la colina”, dice mientras alza la mirada hacia su esposa. “Es mi mujer”, repite mientras sonríe y por un segundo se le ilumina el rostro. “Estamos los dos aquí juntos, absolutamente sin nada; pero juntos”, concluye mientras Cilie termina de limpiar unas pocas legumbres que con fortuna ha podido conseguir hoy. Nadie sabe a qué precio.
Iván M. García
Intermón Oxfam